
Fernando
CANARIASENMOTO
José Ángel, un indiano del mundo sobre dos ruedas
Hay viajeros que recorren el mundo y otros que, además, consiguen que viajemos con ellos.
Para comenzar un gran viaje solo hay que dar el primer paso. Pero cuando ese paso se da desde La Palma, el impulso necesario es mucho mayor. Para un palmero, cualquier aventura continental comienza superando la inmensidad del Atlántico que lo separa del resto del mundo.
Desde Los Llanos de Aridane, localidad natal de José Ángel Pais, hay que invertir varias horas de avión o afrontar una larga travesía marítima antes siquiera de comenzar a sumar kilómetros. Una circunstancia que, lejos de frenar a nuestro protagonista, parece haber alimentado su curiosidad por descubrir qué hay más allá del horizonte.
Los Llanos de Aridane, en el oeste de la Isla Bonita, es un municipio abierto al océano y rodeado de una espectacular geografía volcánica. Quizá crecer entre curvas, barrancos y montañas, contemplando cada día ese horizonte infinito, despertó en José Ángel la necesidad de averiguar qué había al otro lado del mar.
Un indiano del siglo XXI
La historia de La Palma está profundamente ligada a la emigración. Durante generaciones, miles de palmeros cruzaron el Atlántico rumbo a Cuba, Venezuela y otros países americanos en busca de oportunidades y de un futuro mejor.
De aquella historia nació también la figura del indiano, el emigrante que regresaba a su tierra después de hacer fortuna en América y cuya imagen sigue muy presente en la cultura popular de la isla.
Y precisamente ahí encontramos un hermoso paralelismo con nuestro protagonista.
José Ángel Pais es, a su manera, un indiano del mundo. Un palmero que ha cambiado los grandes barcos transatlánticos por una motocicleta, las maletas por unas alforjas y la búsqueda de fortuna por algo mucho más difícil de valorar: la satisfacción de conocer el planeta, descubrir otras culturas y regresar cargado de historias.
Porque José Ángel no se conforma con llegar a los lugares. Necesita conocerlos, mezclarse con sus gentes, comprender sus costumbres y descubrir qué hay detrás de cada frontera.
Y, sobre todo, necesita contarlo.
La generosidad de compartir el camino
Quienes tenemos la suerte de conocerlo sabemos que una de sus grandes virtudes es su capacidad para transmitir la pasión por los viajes.
Sus relatos están llenos de anécdotas, situaciones inesperadas, dificultades, encuentros extraordinarios y ese particular sentido del humor con el que consigue quitarle hierro incluso a los momentos más complicados.
A través de sus crónicas nos ha permitido acompañarlo por carreteras interminables, atravesar fronteras, descubrir países que apenas sabemos situar en un mapa y vivir aventuras que muchos difícilmente nos atreveríamos a emprender.
Para quienes hacemos de cada ruta en moto por las islas nuestro particular viaje, sus experiencias son una ventana abierta a una forma diferente de entender el mundo.
Pero José Ángel ha decidido dar un paso más.
Después de tantos años acumulando kilómetros, experiencias y conocimientos, ahora quiere compartir todo lo aprendido con quienes sueñan con emprender su primera gran aventura en moto.
Y eso significa mucho más que explicar cómo preparar el equipaje, organizar una ruta, tramitar un visado o solucionar una avería a miles de kilómetros de casa. Significa transmitir la experiencia de alguien que ya ha pasado por situaciones que ningún manual puede prever.
Porque para viajar, además de tiempo, dinero y valor, hace falta algo fundamental: el ánimo necesario para dar ese primer paso.
El mejor equipaje es la experiencia
Hay personas que dedican su vida a acumular cosas y otras que prefieren acumular experiencias. José Ángel pertenece claramente a estas últimas, con una particularidad: nunca se guarda sus aventuras para sí mismo.
Ahora, con su nuevo proyecto formativo, abre su particular cuaderno de viaje para que otros puedan aprender de sus aciertos, de sus errores y de todos esos kilómetros que lo han convertido en un auténtico trotamundos.
A través de sus redes sociales hemos tenido el privilegio de acompañarlo en sus viajes. Por eso celebramos esta nueva iniciativa y le deseamos que consiga despertar en muchos otros motoristas esa misma curiosidad que un día lo llevó a mirar más allá del horizonte.
Porque el verdadero valor de un gran viaje no está únicamente en los lugares que visitamos, sino también en todo aquello que aprendemos y somos capaces de compartir a nuestro regreso.
Enhorabuena, José Ángel.
¡Que nunca se apague esa curiosidad que te lleva a viajar hasta donde las olas salpican el cielo!









